Sororidad que bonito nombre tienes

Sororidad que bonito nombre tienes

La recogida de este mes está siendo, hasta ahora, la más difícil a nivel emocional. Pensar en esas mujeres y niñas que no pueden ir al baño de los campos de personas desplazadas porque los hombres las agreden sexualmente, las violan. Sororidad que bonito nombre tienes.

Pensar entonces en el éxodo y saber, con la certeza absoluta que otorga el conocimiento de la construcción de la masculinidad, que esos mismos hombres, también las han agredido. Esos hombres que son padres, maridos, hermanos, primos, abuelos, tíos, vecinos…, suyos, de ellas. Las violan. A mujeres, a niñas. Porque les dan lo mismo, les damos lo mismo. Porque estamos para ellos, para su uso y disfrute. Porque la mujer es la proletaria del proletario, como muy bien expuso Flora Tristán. Y me lleno de ira y me inunda el odio.

Sororidad que bonito nombre tienes

¿Y cómo no sabemos nada de esto? Porque no importa. No es noticia que los hombres violen mujeres, porque allí donde hay hombres hay violaciones. En el día a día del barrio, en las familias, en el trabajo, en el primero, en el segundo y en el tercer mundo. Cuando las mujeres van al baño en aquellos países donde las letrinas están fuera de casa, los hombres las violan. En los matrimonios, en las relaciones de pareja heterosexual… Hay violaciones. Los hombres nos violan. Y hay violaciones porque vivimos inmersas en la cultura de la violación. La totalidad de las mujeres a las que preguntéis han sido agredidas sexualmente alguna vez: desde ese cuerpo que se restriega contra nosotras en el autobús o en el metro hasta el novio que insiste, insiste, insiste…, y acabamos sintiéndonos culpables porque bueno, tampoco pasa nada si abro las piernas, total, serán no más de diez minutos. Él también hace cosas por mí… Y me lleno de ira y me inunda el odio.

Pero este no es un artículo sobre violaciones, es un texto sobre sentimientos. Los sentimientos que generan los pañales que estáis donando. No los de niña, los de personas adultas. Cuando una persona llega a utilizar pañales, no hay marcha atrás. Está llegando el fin. Y cuando traéis los pañales a la tienda, es que ese fin ha llegado. No hay persona o yo qué sé dónde estará ya. Los paquetes cerrados, ese sentimiento de continuidad que todas todas tenemos. El paquete abierto… Murió en ese paquete abierto, justo en el pañal que iba pegado al que veo ahora mientras cierro con celo y sello la muerte. Y me lleno de pena y me inunda la tristeza.

Sororidad que bonito nombre tienes

Mi tío usó pañales. Mi tío, el que murió en enero tras un cáncer devastador, usaba pañales. Las últimas semanas. Cuando un día no pudo ya levantarse de la cama y la oscuridad, el letargo y la muerte abrieron la puerta y se quedaron para siempre. Hasta el 22 de enero. Fui hace unos días a ver a mi tía, a mi primo y a mi prima. Mi tía me dio ropa -que atesoro, aún no estoy preparada para donar, porque no puedo- un paquete de pañales nuevo, y el terrorífico abierto. Es como: murió en el pañal número 9. No llegó al 10. Y aquí estoy, rodeada de pañales en bolsas cerradas y las terribles abiertas. En el coche llevo los de mi tío. Quién me lo iba a decir hará ahora un año, cuando comencé a colaborar en recogidas para las personas desplazadas, que un día llevaría los pañales que usaba mi tío muerto. Mi tío muerto. Mi tío. Muerto. Y me lleno de pena y me inunda la tristeza.

Sororidad que bonito nombre tienes

La campaña de recogida de pañales y dinero para comprarlos in situ cuando vayan a los campamentos las voluntarias ha sido un éxito. Casi mil euros en un mes, que agradezco con cada poro de mi piel. Y brillo, como los de crepúsculo, de verdad. Casi mil euros en transferencias, en paypal y en la hucha improvisada. Muchísimas gracias. El lunes, como cada lunes tras la recogida mensual del sábado, lo llevaré al centro de operaciones de la Asociación Arena, con la que colaboramos. En cuanto Teresa, la matriarca -mujer maravillosa que llena mi corazón de fuerza en cada visita-, me dé instrucciones, nos ponemos manos a la obra. Comenzar de nuevo. Como dije a un cliente el otro día, allí donde una mujer necesite ayuda, estaré para ayudarla. De eso se trataba siempre. Sororidad, que bonito nombre tienes. Y me lleno de alegría y me inunda la esperanza.

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