Sanfermines, patriarcado en estado puro

Sanfermines, patriarcado en estado puro

Sanfermines, donde el privilegio masculino se apodera de todas las vidas. Donde las agresiones sexuales están a la orden del día, donde el sistema de ordenación y jerarquización ideado por ellos los coloca en la cúspide de una pirámide de asesinatos, violaciones y sumisiones. Sanfermines, patriarcado en estado puro.

Hace casi tres años escribí a propósito de la violencia sexual perpetrada por hombres en los Sanfermines. Este año ya han sido detenidos cinco hombres por violar a una mujer de 19 años. A pesar de los dispositivos de seguridad, a pesar de todos los pesares, los hombres siguen ejerciendo su privilegio de hacer con nosotras lo que quieren cuando quieran. Y si se trata de un ambiente festivo, con atenuantes… La jugada perfecta.

Ahora sumo a la visión feminista la perspectiva antiespecista. Fiestas cuyo único objetivo es la exaltación de la masculinidad patriarcal, donde las agresiones sexuales están a la orden del día y la explotación de los toros es un mero recurso para atraer dinero y generar caja. La objetivación de las mujeres como meros objetos de deseo a los que manosear, babosear, desnudar, violar (si está borracha, no se entera)… La objetivación de los toros como meros objetos de diversión a los que torturar, menospreciar, despojar de toda dignidad, aterrorizar… asesinar. En ambos casos, medios para la diversión masculina, medios para ellos. En ambos casos, sometidos a la jerarquía patriarcal y desprovistos de la capacidad de decidir, de elegir. En ambos casos, víctimas de la violencia inherente a la masculinidad construida por el patriarcado.

Como feminista y como antiespecista condeno estas “fiestas” que sólo dan rienda suelta a una forma de entender y ordenar la vida que es incompatible con un mundo justo, igualitario y sano. Una forma que no es la mía y contra la que lucho cada día. Hasta que todas las jaulas estén abiertas.

Sanfermines, patriarcado en estado puro

Sanfermines, patriarcado en estado puro

De fiestas, alcohol y abusos sexuales. Lo normal.

miércoles, 10 de julio de 2013

Me levanto con la noticia del aumento (que ya había y que ha aumentado, pero que ya había) de las agresiones sexuales en los sanfermines de este año. Me levanto con la noticia del aumento (que ya había y que ha aumentado, pero que ya había) de la violencia sexual machista en los sanfermines de este año. Y veo fotos, un par de fotos. Nueve de la mañana. Cierro el face. No quiero saber nada más.

Los medios, bien no lo nombran por su nombre: agresiones sexuales, violaciones, violencia sexual; bien culpan al exceso de alcohol y lo presentan como “mira estos chicos qué tonterías hacen cuando beben demasiado.” Y yo no paro de pensar, siempre pensar, por qué nos odian tanto. De esta manera y tanto. Hablaba con una amiga la otra noche, de camino a casa. No es odio, me decía, es ese derecho que saben suyo, ese privilegio, de hacer con nosotras lo que quieran cuando quieran. Tantas veces como quieran. Y ya se encargan de hacérnoslo saber. Si lo hacen, porque lo hacen, por qué lo hacen. Cuando no lo hacen, para recordarnos que bien podrían… Si quisieran.

Esa otra noche salimos de cena a celebrar el fin de las clases. El fin del máster. Con todos sus peros… Pero maravilloso. El calor aquí en Madrid es sofocante y mi cuerpo no tiene termostato. Es decir, que estoy a temperatura ambiente. Qué me llevo para no asfixiarme. Pensé en un primer momento en un cacho de tela de esos vaporosos que se atan al cuello y por la espalda. Bien fresquito. Al instante lo descarté. No. Volvería sola, tarde. Tampoco llevaría vestido ni falda ni tacones ni cuñas… Para andar bien, correr… De camino a casa. Oscuridad, campo. Pies para qué os quiero. Andaba tan pegada al borde de la acera que alguna pisada iba a la carretera. Ese prefiero que me atropellen… “Porque si alguien sale de esa oscuridad y me lleva allí estoy perdida.” Alguien… Alguien no, un tío. O dos. O los que sean, empecemos a nombrar correctamente.

Retomando las violencias sexuales, el consumo excesivo de alcohol y de otras drogas no legales… Recuerdo a mi hermano y lo que me decía. Tú no sabes lo que he visto. Tú no sabes lo que he visto. Tú no sabes lo que pasa cuando una chica está borracha y/o drogada. “Lo que pasa”, otra vez hablando en marciano. Lo que pasa es que un tío, o dos, o los que sean, hacen uso de ese derecho suyo, ese privilegio, de hacer con nosotras lo que quieran cuando quieran.

Y si no, que no hubiese ido a ese tipo de fiestas, que no se hubiese vestido así, que va provocando, que no hubiese bebido, que no se hubiese drogado, que se hubiese ido pronto a casa, que no se hubiese quedado sola, que se lo ha buscado, que qué hace hablando con esa gente, que si iba así ya sabes lo que puede pasar, que lo estaba buscando… “Ya sabes lo que puede pasar, que lo estaba buscando”, cómo nos encanta hablar en marciano. Ya sabes lo que puede pasar es que un tío, o dos, o los que sean, hacen uso de ese derecho suyo, ese privilegio, de hacer con nosotras lo que quieran cuando quieran. Que lo estaba buscando es cualquier actitud que adoptemos las mujeres que se distancie del recato, del decoro, del espera que no voy a mirar a ese que tiene mala pinta, del no voy a beber más que voy muy pedo y no veo, del me he pasado con las drogas dios que mis amigos, varones, no me dejen sola… Se llama miedo. Miedo a álguienes. Los mismos álguienes que redactan leyes contra los abusos sexuales. Los mismos álguienes que prohíben el aborto en cualquier caso. En cualquier caso.

Recuerdo otra vez. Mi hermano se encontró a una chica que iba bastante de fiesta, perdida. Salió con ella al aparcamiento, buscó con ella a sus amigos, varones. Cuando los encontraron les recriminó su comportamiento, cómo es posible que la hubiesen dejado sola así, como iba. Un postre para que un tío, o dos, o los que sean, hiciesen uso de ese derecho suyo, ese privilegio, de hacer con nosotras lo que quieran cuando quieran.

Por eso otra vez, de fiesta, en otra fiesta, mi hermano (que iba tan bastante de fiesta o más) se encontró con el amigo con quien yo estaba. Se asustó tanto cuando le vio solo, sin mí. Mi amigo le dijo que me había dejado con unos chicos que habíamos conocido… No paró de dar vueltas hasta que me encontró. Porque él sabía porque había visto. Porque es un tío y conoce ese derecho, ese privilegio. Luego se fue a dormir a una hamaca, solo, por unas horas… Plácida y tranquilamente. Lo normal.

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