Mi historia como activista animalista

Siempre he sentido gran fascinación y simpatía por otres animales que no eran de mi especie. Cuando era una niña, mi gran historia de amor fue con Hippy, la pequeña y cariñosa perra que vivía con mi tío en el pueblo. La conocimos cuando aún era una pequeña cachorra, separada de su madre y el resto de su camada, y se creó un gran vínculo entre nosotras. Yo pasaba todo el año deseando que llegase el verano y volver a estar con ella.

Pasaron los años y, cuando apenas era yo una adolescente, escuché en una canción el término “vivisección” por primera vez. Lo busqué en el diccionario, quedé horrorizada al conocer la existencia de tal práctica, y busqué en internet a ALA, la asociación a la que hacía referencia el libreto del grupo musical. En ella leí sobre diferentes ámbitos en los que les humanes explotamos a otros animales, y sobre la vida que se puede llevar renunciando a participar en ello. Esto me dejó reflexionando y con ganas de participar en el movimiento de defensa de los animales. Unos años después conocí a otra chica que participaba en el Colectivo Antitaurino y Animalista de Bizkaia, allí pude participar en actos de concienciación sobre pieles, tauromaquia, caza… Y conocí a personas vegetarianas y veganas. Algunas llevaban décadas siéndolo y seguían vivitas y coleando, por cierto. Me enteré de la existencia de un Partido Animalista, PACMA, lo cual me llenó de alegría. Me afilié en cuanto me hice mayor de edad, y me he ido implicando cada vez más a lo largo de estos once años.

Ese año también seguí informándome y reflexionando sobre el hecho de que matemos animales para comerlos cada día y, entre otros, vi el videoclip de “Free me”, que me tocó bien hondo. Cuando alcanzas a entrever alguna parte del sufrimiento que padecen tantos animales, a imaginarte aunque sea vagamente cómo puede ser estar en su piel, el horror se te queda impregnado. Poco después, tras una conversación con una buena amiga en la que descarté el argumento de “Comer carne es lo natural”, llegué a casa y dije “No voy a comer carne”. Hubo una calma chicha durante tres días y después mi padre tuvo un intento de obligarme a comer animales muertos, intento que por suerte duró poco.

Desde entonces he seguido formándome, reflexionando y participando de unas formas y otras en alzar la voz por los millones de animales que masacramos cada día sin pestañear. Tengo otras inquietudes sociales, pero me he centré en la explotación animal porque su envergadura no está en absoluto proporcionada con la atención y la compasión con la que se aborda (cuando se aborda). Esto por suerte va cambiando, cada vez somos más quienes luchamos por los animales, el tema empieza a molestar a quienes quieren seguir manteniendo las cosas como estaban. Aún nos queda mucho camino por recorrer, pero ya he visto cambios que hace una década no soñaba con ver en tan poco tiempo. Todos los imperios caen, y el imperio que el ser humano tiene montado a costa de otres no puede ser una excepción.

Goizane

activismo animalista

Si quieres compartir aquel momento, puedes escribir tu historia y enviarla a info@micabravegana.es. Especifica qué nombre quieres que aparezca y título. Los escritos deben tener entre 300 y 500 palabras… si quieres más, pues más. Es tu historia y estaremos encantadas de publicarla.

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