la política sexual de la carne, carol j. adams

La política sexual de la carne, El Libro

La política sexual de la carne. Una teoría crítica feminista vegetariana de Carol J. Adams es El Libro. Ochodoscuatro lo ha traducido al castellano y desde ya ocupa un sitio privilegiado en las estanterías de Mi Cabra Vegana.

¿Y por qué es El Libro? Porque une feminismo y antiespecismo, las bases de esta tienda vegana de Madrid, la única tienda feminista y antiespecista del estado. Y de mi vida. Porque establece las bases y la conexión existente entre la utilización del cuerpo de las mujeres, y a las mujeres en sí, y la utilización de los cuerpos de los animales no humanos. Porque, como ya he escrito en otros artículos, introduce el término referente ausente: cómo patriarcado, especismo y capitalismo, compartimentan, objetivizan los cuerpos de las mujeres y de los animales no humanos convirtiéndonos en productos para el consumo. Su consumo. Cómo dejamos, dejan de ser seres completos para convertirnos, convertirlos, en mercancía, en subproductos. Y lo que se cosifica es susceptible de ser violentado, torturado, asesinado. De ahí la violencia que ejerce el patriarcado hacia las mujeres y otras identidades disidentes. De ahí la violencia que ejerce el especismo hacia los animales no humanos. De ahí que ambos sistemas de opresión hayan encontrado en el capitalismo su aliado más increíblemente perfecto.

Por todo esto, cuando ayer vi que entraban las compañeras en mi cabra linda, se me erizaron los pelillos de pura emoción y se me saltaron las lagrimillas. La política sexual de la carne, El Libro, al fin, en la tienda. En mi tienda. En mis manos. El libro escrito por una de las mujeres que consiguieron dar palabras y forma al ciclón de ideas y sentimientos que hacían que mi corazón latiese con más fuerza. Uno de los referentes de mi lucha cotidiana. De mi vida. Y ya está aquí, al alcance de mis manos. Este libro, este La política sexual de la carne, es El Libro por muchas razones. Debemos leerlo, analizarlo, compartirlo, discutirlo. Debemos porque es fundamental en la lucha por la justicia y la igualdad, que ha de ser feminista y antiespecista.

la politica sexual de la carne

La política sexual de la carne

El referente ausente. Carol J. Adams introduce este concepto que funciona de la misma forma para referirnos a animales no humanos que a mujeres. En el caso de los animales, el objetivo es separar nuestro filete de la realidad: para que haya un filete en nuestro plato ha muerto, han muerto, un ser que quería vivir. Y si sólo lo hubiesen muerto… Para que ese filete de carroña en descomposición ocupe nuestro plato han tenido que embarazar a una hembra por la fuerza. Una hembra que ha nacido de otra violación, por cierto. La han obligado a gestar y parir. Han secuestrado a su bebé. Lo han inmovilizado para que su carne se mantenga tierna. Lo han asesinado. Lo han descuartizado. Lo han hecho filetes. Y ahora tú disfrutas de esa violación, de ese secuestro y de ese bebé descuartizado. Luego también disfrutarás del asesinato de esa madre, cuando su cuerpo no de más de sí y no soporte más embarazos. Pero sólo vemos el filete, un algo. Nunca vemos un alguien. Hasta que abrimos los ojos.

la política sexual de la carne, carol j. adams

la política sexual de la carne en Mi Cabra Vegana

Con las mujeres y otros grupos oprimidos sucede lo mismo. Es el mismo mecanismo de despersonalización. A las mujeres se nos cosifica, se nos convierte en algo. Tras esas piernas, esos pechos, esa boca abierta de forma sugerente, hay un alguien. Las cosas no merecen respeto. Son cosas. Y entonces se establecen los cimientos de la cultura de la violación.

Pero todo sistema de opresión requiere violencia, en mayor o menor medida y de forma más o menos velada. Todo depende del momento histórico y de la correlación de fuerzas. El sistema de opresión perfecto es aquel en que no se siente la violencia. Es aquel en que está normalizada. Es aquel en que a las voces disidentes se las llama exageradas, extremistas, radicales, irrespetuosas… Os suena, ¿verdad? Feminazis, radicales veganas…

La violencia implica cosificación, fragmentación y consumo. La cosificación u objetualización conlleva subordinación. Y la subordinación abre la puerta al abuso. Individuos siendo vistos como cosas, como objetos de consumo. Individuos fragmentados: un escote, esa boca sugerente, la pata de jamón. Consumo, tanto de animales no humanos que llenan frigoríficos y platos, como de mujeres: prostitución, violación –para el violador se trata de un ejercicio de poder, no es sexo-, terrorismo machista.

“Quien es feminista y no es de izquierdas, carece de estrategia. Quien es de izquierdas y no es feminista, carece de profundidad.” Rosa Luxemburgo. Quien es feminista y no es antiespecista, añado, carece de perspectiva.

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La política sexual de la carne

Y aquí es donde Carol J. Adams y su The Sexual Politics of Meat, La política sexual de la carne, encienden la luz y la deja encendida para siempre. Quien no quiera abrir los ojos es ya porque no quiere.

“El género no trata de la diferencia, es relativo a la dominación. La manera en la que el género está estructurado dentro de nuestro mundo -el modo en que los varones tienen poder sobre las mujeres- está relacionado con cómo vemos a los animales, especialmente a los animales que consumimos.”

Luego el carnismo no es el sistema de las mujeres, no tenemos nada que ver aquí. ¿Por qué perpetuarlo nosotras, precisamente nosotras? -Paren el tren que me bajo-. La política sexual de la carne pone de manifiesto que aquellos a quienes comemos o usamos, lo determina la política patriarcal de nuestra cultura y que el significado del consumo de carne está ligado al concepto de virilidad. La política de género, política de dominación, de quién domina a quien, se relaciona con la forma en que vemos a los animales no humanos, en especial a los que esa determinada cultura patriarcal establece para el consumo. Para su consumo. Por lo tanto, el patriarcado como sistema de género queda implícito en las relaciones entre animales no humanos y animales humanos. El patriarcado como sistema de género lo ocupa todo. ¿Cómo las feministas podemos tan siquiera pensar hacer el juego a semejante aberración? ¿Cómo llamarnos feministas a la vez que formamos parte activa del mismo sistema –de opresión- patriarcal? ¿Cómo feministas si defendemos y nos beneficiamos del mismo sistema contra el que luchamos?

La masculinidad se construye en oposición a lo que esa misma masculinidad determina qué es lo femenino. La construcción del género incluye lo que es apropiado y lo que no, abarcando la comida. Para ser un hombre de verdad hay que hacer y hay que dejar de hacer, es una cuestión de simbolismo y privilegios. En nuestra cultura la masculinidad se construye, entre otras, por el control de otros cuerpos y el acceso al consumo de carne. ¿Cuántas veces hemos oído que necesitamos comer carne? Ahora el consumo de carne se asocia a la masculinidad: fuerza física y sexual, vigor, virilidad, acción, dominación, poder… Todos atributos que construyen la masculinidad tradicional. La carne da fuerza, y la fuerza da poder. ¿Quiénes tenían acceso a grandes cantidades de carne? Las clases altas. Y en un sistema sexista donde existen privilegios por razón de sexo, la carne se reserva a quien ostenta el privilegio. ¿Cuántas veces al servir se ha dejado el filete más grande al hombre –a los hombres- de la familia? Porque sí, porque es así, porque siempre ha sido así.

Como feministas debemos abordar, analizar e interpretar el especismo como una forma igual de injusta que el sexismo que discrimina a individuos con intereses propios y con capacidad de sentir y disfrutar. Debemos luchar no contra la percepción de las mujeres como animales –zorras, gallinas, cerdas, vacas…-, sino contra la cosificación y mercantilización de seres que son moralmente considerables. La lucha por la igualdad feminista debe ser antiespecista. La pertenencia a una determinada especie, al igual que a un sexo determinado, no condiciona nuestra capacidad de sentir, de sufrir, de sentir felicidad, por lo que participar del actual sistema de cosas resulta injusto e innecesario. Y anormal. Además de hacer el juego al mismo sistema contra el que luchamos, que nos explota y cosifica. Que nos asesina. Oponernos a una discriminación debe posicionarnos de manera automática en contra de cualquier tipo de discriminación. Si buscamos la igualdad, debemos favorecer a quienes se encuentran peor. En este caso, los animales no humanos. Y dentro de los animales no humanos, las hembras. Nuestras hermanas.

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Un comentario

  • Stephen Verchinski

    Had an acquaintance murdered in years past. Pulled the cold case files and description of how he was ritually killed included “he was tied with tie wire like a calf.” Perpetrators likely from Chichuahua. Criminal likely still with same Modus operandi. May perhaps always male victims. May be victims of opportunity. Perpetrator still slaughtering “animals”. “Sexual Politics of Meat by Carol Adams page 80 20th Edition “….one of the basic things that must happen on the disassembly line of a slaughterhouse is that the animal must be treated as an inert object not as a living breathing being.”…

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