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Cinco razones por las que los derechos animales son una cuestión feminista

La cosificación y explotación de las vidas y los cuerpos de los animales deberían ser sometidas a un escrutinio minucioso por parte de las feministas, dado que el feminismo trata, ante todo, de luchar contra el modo en que el patriarcado ignora los intereses y la subjetividad de ciertos sujetos en beneficio de otros, que han sido designados de forma arbitraria como “superiores”.

 TRADUCIDO POR MARÍA R. CARRERAS. FUENTE ORIGINAL: EVERYDAY FEMINISM
PUBLICADO en El Salto Diario

2019-02-09 13:00:00

Cinco razones por las que los derechos animales son una cuestión feminista
Foto: Filming for Liberation

Los derechos animales son una cuestión feminista. Hala, ya lo he dicho.

De hecho, la cosificación y explotación de las vidas y los cuerpos de los animales deberían ser sometidas a un escrutinio minucioso por parte de las feministas, dado que el feminismo trata, ante todo, de luchar contra el modo en que el patriarcado ignora los intereses y la subjetividad de ciertos sujetos en beneficio de otros, que han sido designados de forma arbitrariacomo “superiores”.

Algo que da bastante miedo es que la vulnerabilidad percibida de los animales se utiliza como una justificación implícita para su abuso. En otras palabras, precisamente debido a que los animales no pueden defenderse, darnos o negarnos su consentimiento, u organizar su oposición, los humanos sentimos que podemos hacer lo que nos plazca con ellos, muchas veces bajo la apariencia de “velar” por sus intereses.

Existen una serie de barreras impiden que muchas de nosotras consideremos la situación de los animales como opresiva. Como resultado, podría no ser obvio por qué algunas feministas consideramos que esta es una cuestión feminista.

Pero sí es una cuestión feminista. A continuación, cinco razones que lo justifican.

1. LOS CUERPOS DE LOS ANIMALES SON COSIFICADOS TAMBIÉN

Ser cosificado significa que el propio cuerpo y la propia vida existen para el placer o beneficio de otros.
Como feministas, la mayoría de nosotras estamos acostumbradas a percibir la retórica de la cosificación cuando se trata de los cuerpos de mujeres en los medios. Por ejemplo, sabemos que las mujeres son reducidas, de forma habitual, a accesorios sensuales en historias protagonizadas por hombres. También somos conscientes de que las mujeres son violadas, golpeadas, acosadas y asesinadas de manera rutinaria, porque se nos ve como objetos para el placer de los hombres, en lugar de sujetos plenamente sintientes, capaces de experimentar nuestro propio placer.

Tal y como afirma Jean Kilbourne, “(…) convertir a un ser humano en una cosa, en un objeto, es casi siempre el primer paso para justificar la violencia contra esa persona”. Cuando cosificas cuerpos, ves esos cuerpos como objetos que te sirven a ti para algún propósito específico. De manera similar, los cuerpos de los animales no humanos son reducidos a cosas carnales (literalmente) que pueden ser consumidas, o utilizadas en proyectos científicos dolorosos que no son éticos.

Los cuerpos animales son considerados “menos que”. Culturalmente, no son percibidos como seres independientes que experimentan dolor, placer y una variedad de emociones, y que tienen sus propias relaciones sociales. Por esta razón, los animales soportan sistemas de violencia espantosos que a menudo ni siquiera son cuestionados.

La cosificación explica por qué tantas industrias utilizan ratones, monos, cerdos, conejos y otros animales no humanos en ensayos científicos horribles: porque estamos condicionados a no tenerles en consideración. Esto explica por qué los animales no humanos sufren duras condiciones de vida en la industria del entretenimiento, como por ejemplo sucede en los acuarios o en los casos de fiestas en las que se explota animales para beneplácito de los humanos.

Se convierte en un inconveniente cultural para los humanos cuando consideramos que los otros animales tienen emociones, que pueden experimentar dolor y depresión, etc.

La cosificación de los animales ha tenido tanto éxito que les hemos despojado completamente de su subjetividad: existen para nuestro beneficio.

2. LOS CUERPOS DE LOS ANIMALES SON UTILIZADOS PARA NORMALIZAR LA CULTURA DE LA VIOLACIÓN

Los animales tienen sexos. Las torturas infligidas a los animales, por consiguiente, serán específicas a su sexo y no sorprende que, para las hembras, su capacidad reproductiva determina, de manera abrumadora, cómo se controlará sus cuerpos.

La ganadería intensiva, pero también las medidas aplicadas en las granjas “felices”, institucionalizan el sexo forzado y sistemas violentos de opresión. La mayoría de los animales a los que se mata cada año son sacrificados a través del sistema de ganadería industrial. Las hembras sufren una vida de violaciones repetidas y embarazos perpetuos, y una vez exhaustas, se las mata.

Los “racks de violación”—un término que utiliza la gente de la industria de explotación animal para denominar el dispositivo utilizado para inmovilizar a los animales durante la inseminación— se utilizan para garantizar la impregnación constante de animales como vacas y cerdas, mientras que las gallinas son criadas para producir una cantidad abrumadora de huevos, lo cual resulta en una enorme cantidad de estrés para sus cuerpos, que les ocasiona dolencias dolorosas como la retención de huevos y otras enfermedades.

Como feministas, consumir cuerpos de animales que son violados y maltratados mientras luchamos contra la cultura de la violación, parece un tema digno de investigación.También está el otro tema del control institucional de los cuerpos de las mujeres…

3. LA VIOLENCIA DOMÉSTICA PERJUDICA A LOS ANIMALES

En un artículo del New York Times, Diana S. Urban, representante demócrata de Connecticut, declaró que “el abuso hacia los animales es uno de los cuatro indicadores que los perfiladores del FBI utilizan para evaluar el potencial de comportamiento violento”.

Hay una clara correlación entre hacer daño a animales no humanos en la infancia y manifestar comportamientos violentos hacia seres humanos más adelante en la vida adulta.

La American Humane Association afirma que el 88% de los hogares donde hubo maltrato infantil, también se dio maltrato animal. Para las mujeres que buscan refugio en casas seguras, casi la mitad de estas declararon que sus parejas violentas les amenazaban con hacer daño a sus animales.

La correlación entre la violencia contra los niños y las mujeres y la violencia hacia los animales no humanos demuestra cómo el patriarcado perjudica a aquellos con menos poder.De hecho, muchos refugios para mujeres víctimas de violencia de género están comenzando a aceptar también a los animales no humanos. Está comprobado que las mujeres tienden a no abandonar los hogares abusivos si no pueden llevarse a sus compañeros animales con ellas, porque temen por sus vidas. Debido a esta fuerte correlación entre la violencia contra las mujeres y la violencia contra los animales no humanos, la mayoría de los estados ahora tienen penas correspondientes a delitos graves para la crueldad animal.

La violencia es interseccional, y por eso nuestros movimientos para poner fin a la violencia deben serlo también.

Los animales no humanos sufren bajo el patriarcado también. Y hablando de interseccionalidad…

4. LA INTERSECCIONALIDAD DEBE INCLUIR A TODOS LOS GRUPOS OPRIMIDOS

Casi no existe un hilo de comentarios feministas en el que no se proclame por alguna parte algo como “¡Tratan mejor a los animales que a las mujeres!”. En otros lugares, se pueden encontrar expresiones como “un perro habría recibido más respeto que él”.

El lenguaje que rodea a los animales no humanos hace uso constante de una jerarquía moral que sugiere que ciertos cuerpos son más valiosos que otros, proponiendo en consecuencia que la situación de ciertos grupos es más importante o significativa que la de otros.

Una actitud similar se refleja en el discurso que rodea también a los humanos, cuando asumimos que la lucha por los derechos de un grupo debe exigir nuestra atención antes que la lucha por los derechos de otro grupo, o que un grupo merece un tratamiento mejor que otro, a pesar de que ambos grupos se encuentran en situaciones de opresión.

Un gran ejemplo de esto ocurre en el Feminismo Radical Transexcluyente (TERF, por sus siglas en inglés), en el que las algunas feministas cis exluyen a las personas trans porque piensan que las personas trans no experimentan la opresión de la misma forma en que lo hacen ellas.

O también está el caso de algunas feministas blancas que no piensan que el racismo sea importante para su agenda feminista, porque la opresión “de género” es un asunto más urgente, a pesar del hecho de que las mujeres de color experimentan una opresión exponencial de género pero también racializada.

La interseccionalidad es un desarrollo teórico que nos ayuda a lidiar con actitudes como estas. La interseccionalidad nos ayuda a ver las conexiones entre sistemas de opresión.

La realidad es esta: las personas de color, las mujeres, las personas con capacidades diversas, la comunidad LGBTQIA+, etc. lo tienen bastante mal. Y los animales lo tienen también bastante mal, especialmente aquellos que se supone que nos son útiles solo en la medida en que los podemos consumir, ya sea en forma de carne o de productos lácteos.

Es rídiculo intentar “clasificar” cómo de mal está cada grupo, o asumir que toda nuestra atención debe estar dedicada a la lucha de un grupo por sus derechos, o asumir que si gran parte de nuestra atención se centra en un grupo en un momento determinado, eso debe significar que los otros grupos son menos importantes o “lo tienen mejor”.

Todas estas esferas de opresión son subproductos del mismo mal sistémico —un mal que está fuertemente impregnado en el patriarcado de la supremacía blanca. Declarar que a uno de esos grupos “se le trata mejor” que a otro es omitir completamente las formas en las que estas opresiones se entrelazan e incluso dependen unas de otras.

5. NUESTRA SOCIEDAD TAMBIÉN CUENTA MENTIRAS SOBRE LOS ANIMALES

La mayoría de nosotras, como feministas, ya sabemos que ciertos argumentarios culturales se utilizan para naturalizar comportamientos problemáticos.

Sabemos que pensar que “los hombres son así” es una forma de desviarse al evaluar por qué a los hombres se les permite salir impunes tras cometer comportamientos violentos o destructivos. Es más sencillo decir “es que los niños son naturalmente así” que reconocer que existen sistemas de género que producen cuerpos culturales que actúan de ciertas formas.

También vemos esos argumentos que dicen “bueno, los hombres son más sexuales que las mujeres” para explicar por qué las películas muestran predominantemente a mujeres desnudas y no a hombres desnudos. Utilizamos el mismo argumentario para explicar por qué ocurre la violación. Es una forma de naturalizar relaciones de poder sexual asimétricas.

Del mismo modo, hay argumentarios en los espacios en los que se come animales que naturalizan sistemas de opresión horribles. Mucha gente dice: “Nunca podría dejar de comer carne” o “nunca podría hacerme vegano porque me gusta demasiado el queso”. Si bien el queso y las hamburguesas pueden tener un buen sabor, este argumentario hace que nos desviemos de la realidad sistémica en la que los animales no humanos son torturados, sacrificados y violados solo para que podamos comer y satisfacer nuestras adicciones a algunos sabores.

Nunca debería fomentarse la apatía hacia la violencia, en ningún movimiento de justicia social.

Los guiones culturales perpetúan mitos y tradiciones. Por ejemplo, existe la narrativa conveniente de que la proteína solo puede provenir de cuerpos de animales, a pesar de que existen fuentes de proteína igualmente buenas en otros lugares.

Además, considerar el mito de que matar “humanamente” a un animal es de algún modo algo mejor que las condiciones en las granjas factoría —un mito extraño, considerando que las palabras “humanamente” y “matar” están en la misma frase, y que el abuso también es claro en las granjas “sin jaulas”.

Estos argumentarios nos permiten sentirnos cómodas con comportamientos problemáticos. Nos permiten desviar nuestra responsabilidad de las decisiones que podemos de tomar.

***

Como feministas, necesitamos politizar incluso las cosas aparentemente mundanas de nuestras vidas, como los alimentos que consumimos. La doctora A. Breeze Harper, creadora del proyecto Sistah Vegan, afirma:

“Sencillamente, no puedo ver la comida como un “objeto cotidiano mundano”. Comprendo los significados aplicados a la comida como algo que representa las ideologías de toda una cultura en torno a todo. Por ejemplo, la comida puede decirme las expectativas de una sociedad respecto a la sexualidad, los roles de género, las jerarquías raciales de poder y capacidad”.

Comprometerse con cuestiones críticas sobre nuestras dietas, así como revisitar los cuerpos de los que hablamos en nuestra teoría feminista, es uno de los primeros pasos para decolonizar nuestras mentes y cuerpos del patriarcado de la supremacía blanca.

A continuación, algunos recursos para más información:

SOBRE LA AUTORA
Aph Ko escribe para Everyday Feminism. Es una feminista interseccional centrada en explorar nuevas formas de resistir los sistemas de dominación a través del autocuidado y el placer. Tiene una licenciatura en Estudios de Mujer y Género y es máster en Comunicación y Estudios Culturales. Es la creadora de la webserie “Black Feminist Blogger”, que destaca la enorma cantidad de trabajo invisible que se da en el mundo del blogging. Aph es también extremadamente sarcástica y le encanta ver “The Twilight Zone”. En su tiempo libre, tiende a releer la autobiografía de Angela Davis. Lee sus artículos aquí.
EVERYDAY FEMINISM
El artículo 5 Reasons Why Animal Rights Are A Feminist Issue ha sido traducido por María Carreras y publicado originalmente en Everyday Feminism.

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