El Diario

7 de marzo 2016

La semana pasada se vendió Chía como para tres bodas. Entraban mujeres, una tras otra, preguntando si tenía chía. Al principio me pareció una casualidad y no me puse a pensar más. Esto de estar en todo hace que sea de efectos retardados en algunas cosas.

Que en una semana, alrededor de diez mujeres que nunca habían entrado en la tienda se interesen por la chía debía resultarme, cuanto menos, extraño. Que hasta la quiosquera viniese hablando maravillas que había leído de la chía -me puedo quitar los arándanos dicen-, y que trajera a una vecina hablándole de lo increíblemente maravillosa que es la semillita quizá debía haber causado algo de rareza en mi. Pero no. Me dediqué a llenar paquetitos de semillas y alucinar.

El sábado parece que mi cerebro encajó ideas, o imágenes, o yo que sé. Vino una señora que me recuerda a mi tía Azu: grandes ojos saltones y sonrisa sincera muy muy amigable. La he visto tres veces y siento tanta familiaridad con ella…Preguntó por la chía y ya no pude más.

¿Qué pasa con la chía esta semana que he vendido como mil sobrecitos a mujeres de todo tipo?

Pues pasa que ha salido un artículo en la revista Pronto. Casi me caigo al suelo de la risa. Me dijo que cuesta sólo 1 euro y que siempre trae algún artículo de plantas o alimentos buenos. Esta semana le había tocado a mis semillitas gelatinosas con sabor a nuez. En fin, que gracias Pronto por incrementar mi clientela.

He  vuelto a llamar a Correos y otra persona ha vuelto a tomar mis datos. Mañana llamaré otra vez… Qué desidia…

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