El Diario

17 de marzo 2016

Esta semana está siendo de infarto. El martes, antes de las doce, ya había hecho como 5 pedidos. Hay días en que se juntan las facturas. Parece que las estanterías se quedan vacías de todo a la vez. Además de los pedidos, de los recibos, las transferencias y las malditas facturas, ha habido momentos maravillosos. Ayer apareció de nuevo un cliente cubano amante de las algas y el miso.

-¡Cuantísimo tiempo! ¿Has estado en tu país?

 

-No, en el de mi mujer, Bolivia. Donde asesinaron al Che. Un cubano y una boliviana en Bolivia.

 

-En La Higuera sí. En 1967. Nací 50 años después que el Che. Cincuenta años exactos.

El resto de la conversación me la guardo para mí.

Ayer también vino un chico de unos veinte años, vegano «en serio hará unos cinco meses.» Cada vez que alguien tan joven da el paso y viene a la tienda a ver, comprar o preguntar, una mezcla de sentimientos se arremolinan dentro. Por una parte me alegro muchísimo porque parece que avanzamos. Por otra parte me digo, Lourdes, ¿cómo has tardado tantísimo tiempo en verlo? Este chico tiene inquietudes sobre política y feminismo, lo que es ya como el milagro completo. Y eso ayer. Hoy ha venido una familia. Madre, padre e hija vegetariana. Dio el paso al ver un documental que le pusieron en clase. ¡En clase! Madre y padre estaban en la tienda para asesorarse, para encontrar alimentos, porque apoyaban o, al menos, respetaban la decisión de la hija.

-Entonces, ¿eres vegana?

 

-No, vegetariana.

 

-Ah. Supongo que ovolactovegetariana. ¿Te cuento cómo se consigue la leche?

He hablado de inseminaciones artificiales, de gestaciones y partos, de secuestros. De abandono, reclusión y muerte. La verdad. Madre y padre no han dicho nada mientras hablaba. Ella creo que ha abierto un poquito más los ojos. ¿Quieres que te cuente lo de los huevos y las gallinas felices? Obstrucciones, descalcificaciones… Y eso que no he hablado de los pollitos macho… Y cuando quieras te cuento lo de las abejas.

El padre me ha preguntado algo así como si no es duro formar parte del bando vencido. Soy comunista y estoy en el bando perdedor. Soy feminista y estoy en el bando perdedor. Soy antiespecista y estoy en el bando perdedor. Pero lucho y sigo luchando. Ella sonreía (era algo así como: ¿no ves papá?) mientras dijo algo como que la culpa la tenía el capitalismo, a lo que añadí, y el patriarcado. Sí, responde, el heteropatriarcado. ¿Cuándo escuché por primera vez esa palabra? ¿El otro día? Y delante mío tenía una mujer jovencísima hablando de heteropatriarcado, vegetariana a un paso del veganismo. Una luchadora con cara de ángel y sin arrugas en los ojos. Ha sido grande.

Eso sin contar la vecina que nunca había entrado en la tienda. Una mujer mayor encantadora preguntando por pimentón de la Vera que se ha ido encantada. Como yo con el barrio. O la cantidad de gente nueva que llega a la tienda y es como si la conociera porque se ha estudiado la web…

Y hablando de webs, en cuanto la comercial de Correos tenga tiempo, traerá el contrato… tic tac para enviar a todas partes. Ocho meses el sábado.

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